El proyecto del centro de interpretación tiene como objetivo el respeto y adaptación a su entorno, buscando la integración de una nueva estructura con la fábrica abandonada y el contexto natural circundante. Estratégicamente emplazada en las proximidades del acantilado, la edificación se erige como un testigo silencioso.
La consideración del paisaje, la arquitectura preexistente y la funcionalidad interna delimitan una propuesta que anhela la discreción visual desde el viario. Al adentrarse en el edificio, se busca una experiencia que evoca la exploración en una gruta acantilada, realzada por juegos de luces creados mediante el retranqueo de cubiertas planas ajardinadas.
Por otro lado, la construcción ya existente sirve como cimiento para la nueva edificación, con tres volúmenes distintivos, destacando el central, el cual sobresale de los demás, consolidando una fusión coherente entre pasado y presente.
En el ámbito funcional, se busca la independencia de las tres zonas principales (cafetería, centro de interpretación y aulas polivalentes), aunque la propuesta permite la interconexión según las necesidades.
La selección cuidadosa de acero cortén y hormigón en las fachadas crea una identidad estética que evoca la majestuosidad de una embarcación, usando el acero en la totalidad de la fachada principal mediante lamas orientables que permiten juegos de luces interiores. De igual forma, el hormigón desactivado en tonos beis rinde homenaje a las rocas del acantilado. La introducción en el interior de una tarima de madera oscura otorga calidez a los espacios.
La culminación del diseño se encuentra en la cubierta del volumen principal, concebida como un mirador ascendente accesible por una rampa, ofreciendo una perspectiva excepcional del paisaje.